Aunque nadie quiere pensar en la muerte, prepararse para ella es una elección responsable que facilita las cosas para familiares y amigos.

Por muy complicada que pueda llegar a ser en ciertos momentos la vida, se trata del tesoro más valioso que poseemos y por lo mismo nos aferramos de todas las maneras posibles a ella. De ahí, que muchas personas se muestren recelosas ante la propuesta de considerar la adquisición de un seguro de decesos, sin embargo, se trata de una iniciativa que se interpreta como una muestra de verdadero amor hacia quienes pasan a ser los dolientes.

Teniendo en cuenta que nadie anhela tener que hacerse cargo de las diligencias propias de un fallecimiento, estas pólizas son medidas de precaución que, si bien contemplan exclusiones y carencias, asimismo, cubren los aspectos básicos que más se requieren gestionar ante un evento de esta magnitud.

Cuáles son las modalidades del seguro de decesos

¿En qué consiste un seguro de decesos?

Se trata de un tipo de póliza que tiene por finalidad ocuparse de los gastos que se ocasionan a partir de la defunción de quien la contrata. Lo que significa que los seres queridos quedan por fuera de tener que asumir el desembolso económico que suponen todas estas dolorosas gestiones.

Modalidades más importantes

  • Natural: cuando la prima es de orden natural, significa que el importe de la prima se eleva paralelamente a la suma de años del asegurado. Se renuevan de forma anual.
  • Nivelada: aquí se distingue una mayor estabilidad en el apartado del precio, aunque existe el espacio para que suba en función de si el capital se incrementa con el pasar del tiempo.
  • Mixta: hasta alcanzar cierta edad, la prima se va elevando de manera proporcional, de manera que es válido decir que es una fusión entre la modalidad natural y la nivelada.
  • Única: pensada para personas que se encuentren en un rango de edad correspondiente a los 65 y 70 años, consiste en un pago único que como es de suponerse, es elevado.

La cobertura de esta póliza

Normalmente, en principio se estipula el desembolso para suplir los servicios religiosos, el ataúd, lápidas, arreglos de flores, coche fúnebre y todo aquello que haga parte del conjunto de gastos funerarios. Las incineraciones o cremaciones también pueden estar contempladas, lo mismo que la repatriación del cuerpo de ocurrir el deceso en el extranjero.

Opciones complementarias como la asistencia en viaje y la asistencia psicológica para afrontar el duelo, son muy valoradas. El acompañamiento para los trámites administrativos que demanda el obtener, por ejemplo, el certificado de defunción y los servicios jurídicos también hacen parte del conjunto de coberturas.

En definitiva, se trata de una alternativa muy pertinente que no debe ser ignorada y más aun si se revisa uno a uno los costos actuales que implica el poder hacer uso de todos estos servicios. Dado que la prevención siempre será el camino más inteligente, un buen seguro de decesos mitigará de cierta manera el complejo momento y contribuirá a demostrar que no hay nada de malo con ir un paso adelante.